

Nacido como una capilla, forma parte de la historia de los inicios de Irapuato como área urbana. Así lo confirma su asentamiento en el centro de uno de los cuatro barrios en que se dividió la Congregación de Irapuato en el siglo XVII -junto con lOS de Santa Ana, San Miguel (San Miguelito) y San Nicolás (desaparecida esta última capilla, quizá la base de la actual parroquia de San Cayetano).
La construcción actual data de mediados del siglo pasado y, siendo muy modesta, tiene la cualidad de conservar proporciones muy nobles en lo interior y exterior.
La planta es de cruz latina techada con bóveda de cañón corrido, en cuya estructura sobresale la calidad de la cornisa interior, de cantera, única en los templos de esa época en la ciudad, y el noble remate de los retablos neoclásicos, muy estudiados en sus cruceros y presbiterio.
Su fachada evidencia, en su sencillez, una armoniosa solución que tiene como base medios círculos en su planta y arcos de sus tres ingresos, características estilísticas propias del estilo neoclásico que representa.
Volumen eclesial que, como todos los de Irapuato, no cuenta con torres; en su lugar una cúpula de base elíptica se eleva sobre el pórtico, que domina la placita, centro de uno de los barrios más tradicionales de la ciudad, de la cual recibe su nombre.
El Templo se restauró integralmente en el año de 1975 con obras a cargo de quien suscribe este capitulo.